Manual para los que vienen a vivir a Cádiz-Cádiz (no a Puerta Tierra) (ENTREGA I)
Tiempo de lectura, 6-7 minutos. Si tienes que parar, 8
(Una guía para los enamorados de Cádiz, que vienen a vivir aquí, sin saber que están entrando en otro planeta)
Como inmobiliaria gaditana, especializada en guiris que vienen a vivir al casco histórico, (al centro, sin serlo, ya que por la morfología de la ciudad, en centro tiene que andar, por la barriada de España o así).
A los guiris y forasteros, como norteños y mesetarians, les llama poderosamente la atención, lo difícil que es entender a los nativos de Cádiz (Gaditani Indigenae).
Por eso, y con el objeto de ayudar a nuestros queridos clientes y amigos, hemos creado este valioso manual, que hará más llevadera la adaptación a nuestro maravilloso y complejo ecosistema.
Ahí van una serie de consejos
1. Aquí se vive sin prisas. El tiempo aquí sí que es relativo, no el de Einstein
Si acabas de llegar y estás esperando a un fontanero o a un electricista para rematar tu nueva casa, y resulta que el contacto que te han dado es de uno de Puertatierra, prepárate para la primera lección de vida gaditana.
Porque tú le llamas y te contestará, muy serio:
— “¿¿Eso es en Cádiz??”
Como si tú vivieras en Huesca y él en Huelva. Como si cruzar las Puertas de Tierra fuera atravesar Mordor.
Si has conseguido convencerlo de que te haga el servicio, y que venga al casco histórico, te soltará:
— “Vale, me paso en el hueco de la mañana.”
Y tú, inocente de ti, creerás que el tío estará ahí entre las 10 y las 11.
Pero, ERROR.
Aquí “el hueco de la mañana” puede abarcar sin incurrir en impuntualidad, desde las 10... hasta las 3 de la tarde.
Aunque en el mejor de los casos, haciendo un alarde de formalidad, te dice:
— “A medio día me llego.”
Tampoco hagas planes, porque no quiere decir que vaya a llegar a las 12. No. Eso es pura fantasía. Eso significa que estarás pendiente de él, desde las 12... hasta que oigas las campanadas de las 3. Si llega antes, eso ya sería un milagro digno de la Virgen de la Palma.
Por eso, las prisas déjalas en Sevilla al bajarte del AVE.
Aquí el tiempo es como el levante: viene y va, y nunca sabes como y cuándo te va a trastocar la vida.
2. Tienes que aprender toponimia gaditana, aunque más bien, arqueonimia
Arqueonimia
Es un término que se usa en toponimia y sociolingüística. Consiste en seguir llamando a un lugar con su nombre antiguo, aunque ese sitio ya no exista o haya cambiado.
Ejemplos gaditanos típicos:
· “La plaza de toros”.
· “Telegrafía”.
· “La Residencia”.
Para no volverte loco buscando algo que ya no existe pero todo el mundo nombra, necesitas un máster exprés en arqueonimia gaditana: ese arte de señalar lugares que ya no están, con nombres que ya no se usan... oficialmente. Porque aquí, en Cádiz, los sitios no mueren, se quedan en la memoria, en las conversaciones y, por supuesto, se siguen señalando con el dedo.
Ahí van algunos ejemplos esenciales para que no acabes tirando una pasta en dar volteretas por ahí:
Fue demolida hace nada, en 1976. Pero
la gente sigue quedando allí como si todavía se oliera la arena del coso.
¿Y esa plaza, cómo se llama ahora?
Plaza de Asdrúbal.
Pobrecito el general cartaginés… le pusieron una plaza en Cádiz y a nadie le importa lo más mínimo.
El
Hospital Puerta del Mar lleva ese nombre desde los 90.
Haciendo un poco de historia moderna. Lo de Residencia viene de los años 50-60, cuando se empezaron a construir en España los
Hospitales de la Seguridad Social, gestionados por el antiguo
INSALUD (Instituto Nacional de la Salud). A estos hospitales públicos
se les llamaba oficialmente “Residencias Sanitarias”, porque estaban pensados como centros donde los pacientes
residían temporalmente para recibir tratamiento (en oposición a los dispensarios, donde solo ibas a consulta). Por eso, en Cádiz, cuando se construyó el antecesor al actual Hospital Puerta del Mar, su nombre oficial era:
Residencia Sanitaria Fernando Zamacola y Orellana.
Pero a pesar de los años que han pasado, aquí seguimos diciendo “la Residencia”, como si el bueno del médico militar Zamacola, fuera el médico de cabecera de medio Cádiz.
A diferencia de Asdrúbal, a éste hombre parece que le tenemos más cariño, y no se le quiere olvidar.
— “¿Ves? Allí, en Telegrafía.”
Y tú verás una plaza, en la avenida, cerca de Cortadura, sin antenas ni cables, aunque sí, eso es telegrafía.
Ahí estuvo, y eso
es más que suficiente para seguir llamándola así hasta el juicio final.
— “Lléveme al puerto.”
Y no especificas, igual te deja en El Puerto de Santa María, y eso son 20 km de ida y otros 20 de vuelta para que realmente te lleve donde quieres.
Porque en Cádiz al
puerto real (que no Puerto Real), hay que llamarlo
“El Muelle”.
Y por si fuera poco, hay varios:
— El muelle pesquero, el muelle Ciudad, el Marqués de Comillas, Alfonso XIII, Reina Sofía...
¡Como pa orientarsel!
— “Mi niño estudia en el Hospital Mora.”
Tú, en tu lógica forastera, pensarás que va para oncólogo, urólogo o algo así.
Pero no,
estudia Empresariales.
Porque el antiguo hospital, fundado con la donación del gran
José Moreno de Mora, hoy es una facultad, la de Económicas y Empresariales.
Pero eso da igual. Aquí el cariño no se renombra.
Mucho se lo va a tener que currar el responsable de marketing para que, en Cádiz, nos aprendamos su nombre y dejemos de decirle “el Tiempo Libre”.
Así se llamaba aquella residencia vacacional pública que usaron generaciones de veraneantes y que, aunque hace años cayó en desuso,
sigue viva en la memoria colectiva.
Ahora se ha transformado en un hotel moderno, con su nombre nuevo y todo muy bien.
Pero me temo que, en esta ciudad,
ese edificio será “el Tiempo Libre” hasta el fin de los tiempos.
Y si no, al tiempo.
CONTINUARA…
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